Me miró largamente con toda su cara baldía.
Eso de mirar con toda la cara no era decisión suya; se debía a que su rostro era un mapa sin límites, sin nombres, sin puntos.
¿Las apariencias engañan?
Nunca. Que un libro esté escrito en una lengua que no entiendo no quiere decir que el libro me engaña.
Una cara sin nada es como una ventana vacía que deja ver una habitación desierta.
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