Lo
buscaron toda la noche para que deje de respirar.
Eran como cinco que sumados no hacían
uno; jamás lo reconocerían, pero debían
amucharse para enfrentarlo, igual que lo hacen las hormigas
para desmembrar una langosta.
Lo buscaron sin intuición, a ciegas,
torpe, religiosa y policialmente y lo encontraron.
En la vida hay tareas que sólo se llevan
a cabo con la carencia de humanidad: contar dinero, trabajar
todos los días, confesar a otro, perseguir a quien huye.
Encontrarlo.
Sería propio de una crónica
falsa decir que los esperaba con serenidad, aunque sí
es cierto que los enfrentó con su cara blanca, de pié,
en medio de una habitación negra y desnuda.
Entraron los cinco y sin pensar, aterrorizados,
le dispararon hasta vaciar y cansar sus armas.
Apenas tembló más con el impacto
de las balas que con el miedo previo, pero no cayó ni
retrocedió.
Cuando todo hubo terminado, empapado y brillante
en sangre negra les dijo:
-'Querrán decirme ahora cómo
van a matar a un muerto'
Y corriendo salió por la puerta para
engullirlo la noche.
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